Buen hijo, pero mal caballero…

Lo que Somos, por Sylvia Caamaño Rencoret
El honor era una cualidad muy estimada por nuestros abuelos, de ahí que bastaba un pelo del bigote para cerrar un trato. A veces la defensa del honor llegaba al extremo de arriesgar la vida.
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Corría el año de 1883, gobernaba el General Próspero Fernández, el Canciller era don Eusebio Figueroa y el Director de Archivos Nacionales don León Fernández Bonilla, diplomático e historiador, los unía una amistad basada en el mutuo respeto y admiración. El gobierno atravesaba una crítica situación económica, por lo que el Canciller Figueroa decidió reducir el presupuesto de su cartera, lo que disgustó a don León Fernández pues había sido designado para una importante misión diplomática en Europa. Don Eusebio fue más allá, con el ánimo de apoyar la iniciativa del Ejecutivo de crear un Banco Hipotecario, publicó un volante anónimo apoyando y defendiendo esa idea, resaltando los beneficios que traería al país.
Aunque el escrito era anónimo don León dedujo que el autor era don Eusebio y así lo expresó públicamente. A los pocos días otro volante circulo en la capital en el que con el título de “La Alquimia Moderna” y firmado por “Un Azota Ogros”, se criticaba y ridiculizaba la idea y a don Eusebio.
Don Eusebio quiso saber quién era el autor del volante y centró sus sospechas en la pluma de don León. Envio a un mensajero a preguntarle personalmente si el era el autor, a lo que don León respondió: “No lo firme, pero me hago responsable de todo lo que en ella se dice, si es en contra de Figueroa.”
Don Eusebio exigio una satisfacción a tamaño insulto y la única manera era batirse a duelo.
Así a las 6.00 de la mañana del sábado 11 de agosto de 1883 se encontraron los duelistas y sus padrinos y dos médicos, en una finca en el hoy Paseo Colón. Nueve pasos separaron a los contendores, se escucharon los disparos y don Eusebio cayó herido de muerte.
Un jurado de 8 personas falló la absolución de don León, pero en enero de 1887 en la Estación del Ferrocarril del Atlántico mientras don León junto a su familia esperaba abordar el tren que lo llevaría a Alajuela, se acercó el joven Antonio Figueroa Espinach y le disparó un tiro en la nuca,y luego otros dos en la cabeza diciendo:”Esta es la venganza de mi padre”. Don León en su agonía solo pudo exclamar:”Buen hijo, pero mal caballero”

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